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Siete años de vida compartida


VII Aniversario del grupo PP (Plenitud Parroquial)

Corazón de María

Sumando vida a los años, no sólo años a la vida, come reza una canción, las y los integrantes del grupo de la tercera edad Plenitud Parroquial se reunieron para dar gracias Dios por siete años compartiendo la vida: alegrías, tristezas, experiencias, etc. 

En torno al altar, en el templo de San Antonio María Claret, con el marco perfecto para agradecer (La Eucaristía), se dieron cita alrededor de 20 personas quienes conforman el grupo. Sentimos no haber contado con todos los que lo integran, dado que la enfermedad ha empezado a hacerse presente en varios de ellos; pedimos por su pronta recuperación e integración al grupo. 

En medio del gozo compartido por este año más, también había un sentimiento de tristeza por la reciente partida de Luz María, integrante de muchos años en el grupo; dos de sus hijos compartieron la eucaristía para recordar y pedir por su mamá.

El que escribe esta nota, quien acompaña más directamente al grupo en los últimos años, presidió la Eucaristía, sintiéndose la ausencia por funciones de su cargo provincial, del P. Enrique Mascorro, fundador del grupo.

Desde el comienzo de la Eucaristía, el tema invitatorio fue el dar gracias, haciendo conciencia que un don es también un compromiso, pensamiento que en la homilía fue reforzado, al recordar las palabras de un himno de laudes: “No basta con dar las gracias, sin dar lo que las merece, porque a fuerza de gratitudes se vuelve la tierra estéril”. Este compromiso, se dijo, puede ser vivido en la solidaridad entre coetáneos y en la transmisión de valores con las nuevas generaciones, etc. 

El texto bíblico del evangelio de San Juan sobre la confirmación del amor de Pedro y del anuncio de su testimonio y martirio, dio pie para abordar el tema de ir aceptando los límites de la edad, y la dependencia sana de los demás.

Después de la celebración eucarística, además de los aplausos y de las infaltables fotos de grupo, se tuvo un brindis en el salón guadalupano, donde se expresaron con sentidas emociones y sentimientos, buenos deseos y reconocimientos a lo que cada uno ha hecho por el crecimiento del grupo.

El festín terminó en un conocido restaurante de la Colonia del Valle, organizado satisfactoriamente por la comisión de festejos.

Hacemos votos para que el grupo además de crecer en número y diversidad siga creciendo en solidaridad y generosidad.

P. René Pérez Díaz, cmf

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