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Antonio María Claret, Sacerdote Misionero


A la verdad, hace el fuego de la caridad en un ministro del Señor lo que el fuego material en la locomotora del ferrocarril, y la máquina en un buque de vapor, que todo lo arrastra con la mayor facilidad. ¿De que servirá a un Sacerdote que ha hecho toda su carrera de hallarse graduado en sagrada Teología y en ambos Derechos, si no tiene el fuego de la caridad? De nada" (Aut. 441)

Corazón de María

La Gratitud

Los Misioneros Claretianos tenemos una deuda de gratitud con el P. José Xifré porque en un determinado momento de la Vida del Fundador lo "obligó", como director espiritual, a escribir su autobiografía en un estilo edificante para las "nuevas generaciones" como él mismo lo dice

"Habiéndome pedido el Señor don José Xifré, Superior de los Misioneros de los Hijos del Inmaculado Corazón de María, varias veces, de palabra y por escrito, una biografía de mi insignificante persona, siempre me he excusado, y aún ahora no me habría resuelto a no habérmelo mandado. Y así, únicamente por obediencia lo hago..." (Aut. 1).

Gracias a este manuscrito, descubrimos varias dimensiones importantes en su vida: la bíblica, la apostólica, la gloria de Dios y la sacerdotal. Estas dimensiones están entrelazadas e interconectadas.

2. La Dimensión Bíblica

En la Autobiografía descubrimos elementos importantes en la vida y en la espiritualidad del Fundador, por ejemplo, la dimensión bíblica, cuándo dice: "Desde que me pasaron los deseos de ser Cartujo, que Dios me había dado para arrancarme del mundo, pensé, no sólo en santificar mi alma, sino también discurría continuamente qué haría y cómo lo haría para salvar las almas de mis prójimos. Al efecto, rogaba a Jesús y a María y me ofrecía de continuo a este mismo objeto. Las vidas de los santos que leíamos en la mesa cada día, las lecturas espirituales, que yo en particular tenía, todo me ayudaba a esto; pero lo que más me movía y excitaba era la lectura de la Santa Biblia, a que siempre he sido muy aficionado" (Aut. 113).

3. La Dimensión Apostólica

En el proceso de discernimiento vocacional y en la oración constante fue descubriendo su "misión" y el "estilo" para llevarla a cabo, como lo relata él mismo:

"El Señor me dio a conocer que no sólo tenía que predicar a los pecadores sino también a los sencillos de los campos y aldeas había de catequizar, predicar, etc. etc. y por esto me dijo aquellas palabras: Los menesterosos y los pobres buscan aguas y no las hay; la lengua de ellos se secó de sed. Yo el Señor les oiré; yo el Dios de Israel no les desampararé (ib., 17). Yo haré salir ríos en las cumbres de los collados y fuentes en medio de los campos, y los que en el día son áridos desiertos, serán estanques de buenas y saludables aguas... Y de un modo muy particular me hizo Dios Nuestro Señor entender aquellas palabras Spiritus Dominis super me et evangelizare pauperibus misit me Dominus et sanare contritos corde...” (Aut. 118).

La vocación del Padre Fundador fue respuesta de Dios al grito de su pueblo. Su total disposición al apostolado le abrió los ojos y el corazón "para contemplar y discernir los males que padecían la iglesia y la sociedad española del siglo XIX pero al mismo tiempo le proporcionó los recursos y le sugirió medios para remediarlos” (MCH 63).

4. La Dimensión básica: la Gloria de Dios

Para realizar su obra misionera el Padre Fundador se valió de cinco medios: la Oración, el Catecismo de los Niños, el Catecismo de los Mayores, los Sermones y los libros y las hojas sueltas. Esto que parece tan sencillo e insignificante tiene una razón poderosa, cómo él mismo lo refiere: "Estimulado a trabajar por la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas, como he dicho hasta aquí, diré ahora de qué medios me valí para conseguir este fin, según el Señor me dio a conocer como más propios y adecuados" (Aut. 264).

Aun cuando los medios parecen muy sencillos, tendríamos que recordar cuánto tiempo dedicaba el Padre Claret a la oración, a la acción de gracias después de la Eucaristía y a la lectura atenta y reposada de la Palabra de Dios. Conviene recordar el "celo misionero", el "fuego de la caridad"... "la virtud más necesaria es el amor. Si lo digo y lo diré mil veces: la virtud que más necesita un misionero apostó-lico es el amor" (Aut. 438). Este amor es la motivación profunda de su vida. Es la fuerza que dinamiza toda su actividad.

"Hace el amor en el que predica la divina palabra como el fuego de un fusil. Si un hombre tirara una bala con los dedos, bien poca mella haría, pero, si esta misma bala la tira rempujada con el fuego de la pólvora, mata. Así es la divina palabra. Si se dice naturalmente, bien poco hace, pero, si se dice por un Sacerdote lleno de fuego de caridad, de amor de Dios y del prójimo, herirá vicios, matará pecados, convertirá a los pecadores, obrará prodigios" (Aut. 439).

"A la verdad, hace el fuego de la caridad en un ministro del Señor lo que el fuego material en la locomotora del ferrocarril, y la máquina en un buque de vapor, que todo lo arrastra con la mayor facilidad. ¿De que servirá a un Sacerdote que ha hecho toda su carrera de hallarse graduado en sagrada Teología y en ambos Derechos, si no tiene el fuego de la caridad? De nada" (Aut. 441).

Esta idea tan clara del amor en la vida, lo lleva a una interesante determinación: "Convencidísimo, pues de la utilidad y necesidad del amor para ser un buen Misionero, traté de buscar ese tesoro escondido, aunque fuera preciso venderlo todo para hacerme con él" (Aut. 442).

5. La Dimensión Sacerdotal

Hacia el año 1844, el Padre Fundador escribe y edita los "Avisos a un sacerdote", quizá con el firme deseo de suscitar el "celo apostólico" en los sacerdotes que había encontrado en su recorrido por Cataluña. En este opúsculo, hace una explicación de la parábola de los talentos (Mateo 25,14-30) muy "suya", diciendo que el primer siervo, es un misionero apostólico a quién Dios le ha dado el talento de la dignidad sacerdotal y otros cuatro más, que son los cuatro ángulos de la tierra; el segundo siervo es un párroco, a quién Dios además de la dignidad sacerdotal le ha confiado otro talento, la parroquia y el tercer siervo es un sacerdote, a quién el Señor le ha entregado el único talento de la dignidad sacerdotal. ¡Ay de él si no negocia! ¡Ay de él si lo esconde por temor o pereza! ¡Ay de él! Como criado malo será echado a las tinieblas" (Escritos Espirituales, p. 259)

Algunas preguntas para la reflexión:

1) ¿Cuál libro te gusta más de la Sagrada Escritura? ¿Por qué?

2) ¿Te has apropiado algunos pasajes de la biblia? ¿Cuáles? ¿Por qué?

3) ¿Qué cita bíblica podrías asumir como lema misionero?

4) ¿Cuáles son los "males" de la Sociedad Actual? ¿Puedes priorizarlos?

5) ¿En tu Proyecto Personal hay un espacio claro para tu oración?

6) ¿Cómo interpretar hoy la Gloria de Dios? ¿Qué es? ¿Cómo la defines?

7) ¿Qué ha significado para ti el Ministerio Sacerdotal? ¿Cuáles son tus experiencias apostólicas más significativas?

 

P. Alejandro Quezada Hermosillo, CMF.

 

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