
Una vez más, el año litúrgico nos devuelve al tiempo ordinario tras vivir profundamente, tanto a nivel personal como pastoral, la experiencia gozosa de la Resurrección del Señor, a quien intentamos imitar constantemente en nuestra vida consagrada.
Curiosamente, este período del año litúrgico alberga un gran número de fiestas importantes, como la Santísima Trinidad, el Corpus Christi, el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María.



